Las Voces de Étervan – Libro 1 de la serie Enlil

Voces que la llaman en sueños, un mapa con pasadizos secretos y la oportunidad de ser parte de los arqueros reales de su ciudad podrían ser la respuesta para conocer su verdadera identidad. ¿Cuán lejos llegaría para descubrir la verdad?

Fei Céfiro, una joven elfa, sin advertirlo protagonizará una de las grandes leyendas de su pueblo.

Durante toda su vida le atormentaban en sueños unas voces lejanas. Sus abuelos, por temor, le habían ocultado quiénes fueron sus padres y cómo murieron. Esto cambiaría antes de cumplir sus 16 años.

Una mañana –al iniciar el otoño– mientras ella se dirigía a la academia con sus mejores amigos un miembro de la tribu de los subelfos los interceptó. Según él, los dioses les habían revelado que ella era el producto de una abominación y sería la ruina de la ciudad. Ellos no podían permitirlo. Sin esperar que Fei reaccionara y sin compasión, la atacó con su espada.

Ella y sus amigos se vieron forzados a usar sus poderes para defenderse aún sabiendo que estarían violentado uno de los códigos de su ciudad. La pena por la infracción: muerte.

Durante su convalecencia Fei recibió un mapa que la llevaría a conocer la verdad sobre sus padres. Pero antes debía enfrentar la sentencia del rey.

Las voces de Étervan es la primera parte de la serie de fantasía y aventura llamada Enlil.

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¿Qué opinan algunos lectores?

 

Esta novela tiene la habilidad de transportarte dentro de ella. Sus palabras precisas y la descripción detallada de todo te permite ver la película de cada capítulo. Te succiona a tal punto que ríes, lloras, enojas, frustras y hasta sacas la espada o el arco y flecha junto a cada personaje. La trama intensa te lleva a querer saber más y más.M. Viruet
En ciertas escenas sentí que mi respiración y mi corazón se detuvo. La clave de esta novela está en la manera tan meticulosa, divertida y sencilla de describir el ambiente y todo lo que sucede a cada personaje. Realmente uno se hace una película. Invita a seguir leyendo. Fue una experiencia espectacular…J. López
Me gusta que la prosa es muy detallada y te permite ubicarte dentro del escenario de la historia.A. Romero
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Prólogo

Acomodé la flecha en el arco, lo entesé y miré la figura que tenía frente a mí. Sus ojos me imploraban, el terror y la angustia se asomaba en ellos mientras sus lágrimas corrían como ríos. Mirándome fijamente, ella movió su cabeza de un lado a otro, indicando con ese gesto un “¡No!” silencioso y ensordecedor. El corazón se oprimió en mi pecho, traté de humedecer mis labios con la lengua pero tenía la boca seca. En mis brazos y manos podía sentir la resistencia del arco, las puntas de mis dedos se volvieron blancas. Una lágrima logró deslizarse de mi ojo mezclándose con el sudor en mi mejilla, en ella se escondía un mundo entero de vivencias y experiencias. Un solo pensamiento rondaba en mi mente: Ella debía morir. Tenía que hacerlo.

Inhalé profundamente. Sostuve el aire por unos segundos, enfocándome en el blanco. Cuando exhalé, solté la flecha y susurré: “Te extrañaré”. Mi mirada no se apartó de sus ojos. La flecha llegó a su destino; dio en el blanco, directo a su corazón y mi corazón. En ese instante moríamos las dos. Ella se desvanecía, y mi ser entero gritaba por socorrerla y decirle que todo estaría bien. Deseaba implorar a los dioses que le devolvieran la vida. Pero debía ser fuerte; la joven débil e ingenua tenía que quedar atrás. Mi cuerpo permaneció estático pero en mi mente estaba con ella de rodillas, sosteniendo su cabeza y llorando por ella; por mí. Aquí todo acababa. Ahora todo sería distinto.

La voz de Isis –la agorera del rey– recitando una plegaria me hizo retirar la mirada y ponerla en la imagen del espejo sin reflejo. Al instante, comenzaron a aparecer ondas color plateadas, parecía que el espejo se volvía líquido permaneciendo encerrado en el marco de madera.

Después de terminar su plegaria me dijo: –Fei pronto pronto entrarás al demi-mundo; un lugar que se encuentra entre medio de lo que sabemos y lo que tememos, un espacio en las sombras pocas veces visto, pero sentido en lo mas profundo del alma. ¿Crees en tal lugar? –su voz llegó a mí como el sonido del relámpago en una noche tranquila.

–¿Si lo conozco? Todas las noches lo visito– pensé y asentí con la cabeza.

–Ahí estarás en unos instantes pero no estarás sola. Allí residen algunas criaturas desafortunadas. Almas que están condenadas a vivir en esa condición por toda la eternidad. ¡Ahora debes recitar las palabras de apertura! –me dijo.

Sentí las mariposas del temor revolotear en mi estómago. Aclaré la garganta y recité las palabras que había aprendido: –Mi mente se abre a nuevas posibilidades, lo invisible se hará visible y lo imposible se hará realidad en mí–. Acerqué mi mano derecha muy despacio para tocar el fluido. Su consistencia era espesa, pegajosa y fría. Traté de retirarla pero se quedó atrapada, el líquido comenzó a desplazarse y trepar lentamente por ella y el resto de mi cuerpo. Parecía que deseaba devorarme, como si tuviera vida propia.

A medida que se desplazaba sentía navajas cortándome y a la vez quemando mis dedos, mis manos, brazos y el resto de mi cuerpo. Cerré mis ojos con gran fuerza y tensé la quijada, pero un grito se escapó de mi garganta. Mi cabeza comenzó a dar vueltas y mi pecho gritaba por el aire que no llegaba.

A lo lejos escuché la voz de Isis diciendo: –¡No te resistas Fei. Deja que la fuerza de Étervan te envuelva! No te asombres por lo que tus ojos verán, haz lo que tengas que hacer allí.

Después de su advertencia continuó recitando las palabras del libro en el idioma antiguo de nuestro pueblo pero que en este momento para mí no tenía importancia. Mi deseo era que terminara este dolor que hacía retorcer todo mi cuerpo. Mi ser entero gritaba para ser liberado del sufrimiento. Comencé a sentir que algo o alguien me halaba hacia la nada.

No sé cuánto transcurrió. Perdí todo sentido de tiempo y espacio. Pero de lo que sí estaba segura era que ya no sentía mas dolor. La sensación de las navajas cortando y quemándome desapareció. No sentía frío o calor. En realidad no sentía nada incómodo. Inhalé profundamente: –¡Ah, que bien se siente poder respirar. ¿Será seguro abrir mis ojos?– pensé. Lentamente abrí el ojo izquierdo pero no podía distinguir bien lo que estaba frente a mí, así que abrí el otro. Estaba tirada en el suelo. Me levanté y al mirar a mi alrededor supe que ya no estaba en Enlil; estaba frente a las puertas de Étervan. Ahora comenzaba un nuevo capítulo en mi vida…

Sabía que las voces de mis ancestros me llamaban cada noche desde este lugar. Un clamor que no podía resistir; una súplica que latía con fuerza en mi interior.

Hoy acudía al antiguo llamado sabiendo que sería la carnada y que el fuego de la guerra que vendría caería sobre mí. Hoy veía el cielo sabiendo que en el futuro sentiría las llamas arder.

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